Lo que sigue es un articulo de Zacarias Henar, Concejal del grupo Socialista en el Ayuntamiento de Salou, y publicado en el periodico La vila
El debate sobre las características del poder político es tan antiguo como la humanidad. Ya en la Grecia clásica se inició una distinción que ha perdurado hasta nuestros días. Se trata de la diferencia existente entre poder y autoridad.
El poder, (“potestas” para los griegos), es la capacidad que tiene un órgano social, colectivo o personal, para hacer cumplir sus decisiones. Inicialmente se creía que el poder emanaba de un ser supremo, llámese como se llame, pero la Revolución Francesa puso patas arriba esta concepción y impuso la creencia general de que emanaba directamente del pueblo.
Esta es, en la actualidad, la esencia de los sistemas democráticos cuyo fundamento está en el respeto a la dignidad de los demás, a la libertad de pensamiento y al pluralismo ideológico, cultural i social de los ciudadanos. La autoridad, en la concepción clásica del término (“autoritats”), a diferencia del poder, no emana de ninguna fuente externa. Es una cualidad en sí y por sí misma que emana directamente de la persona que la tiene. La autoridad es esencialmente reconocimiento de los otros, por que tienen necesidad de reconocerla y por que consideran que aquella es la persona concreta que la tiene. La autoridad es esencialmente un concepto moral.
Mientras que el poder vence, la autoridad convence. En los sistemas democráticos, la persona que ocupa el primer lugar de la lista que gana las elecciones y puede formar gobierno, queda revestido en el acto institucional de su nombramiento como alcalde o presidente, de “potestas”, es decir de poder. La autoridad le viene del reconocimiento que los ciudadanos le han hecho, al votarlo mayoritariamente, como la persona adecuada para ostentar aquella responsabilidad política.
Es por eso que, en democracia, los gobiernos funcionan mejor cuanto mayor es el equilibrio en que poseen ambas cualidades, poder y autoridad, ya que mientras el poder se mantiene inalterable a lo largo de a legislatura, la autoridad debe ganársela el gobierno cada día, en sintonía con el sentir mayoritario de sus conciudadanos y, cuando se pierde la autoridad, el frío ejercicio del poder se convierte en autoritarismo. Pues bien, en nuestro municipio, el Sr. Granados, como es sabido, es alcalde como consecuencia de una triquiñuela en forma de moción de censura que fue posible gracias a la complicidad traicionera del Sr. Montagut. El Sr. Granados, en la moción de censura del día 21 de abril, obtuvo el poder, pero no se ganó la autoridad. Él es consciente y intenta, sobre todo ante los medios de comunicación, aparecer como una persona dialogante y favorecedora de consensos.
Pero esa terrible y inevitable limitación de su investidura como alcalde, le acompaña desgraciadamente en su gestión, haciéndose cada día que pasa más grande la brecha existente entre autoridad y poder en su forma de dirigir el gobierno municipal porque, en el fondo, no cree en los valores esenciales de la democracia como son el pluralismo y el respeto a las diferencias. Y para muestra, su desgraciada actuación en el Pleno Municipal del día 16 de diciembre en el momento de procederse a la votación de una moción presentada por los grupos de la oposición en la que se instaba al gobierno municipal a proveer, por los mecanismos de oposición o concurso oposición como marca la ley, el puesto de trabajo que, provisionalmente y en comisión de servicios, ocupa la esposa del Sr. Marc Montagut. Al ir a iniciarse la votación, y habiendo, un servidor, pedido la palabra por una cuestión de procedimiento, el Sr. Granados se negó una y otra vez a concederme el uso de la misma en un duro enfrentamiento verbal. Solo mi insistente tozudería, sin duda proveniente de mis raíces aragonesas que con tanto orgullo llevo, consiguió finalmente permitir mi intervención. Y cuál era el contenido de la misma?. Sencillamente la exigencia del cumplimiento de la ley que impide que los concejales podamos intervenir en votaciones en que tengamos interés personal en el asunto, parentesco hasta el cuarto grado de consanguinidad o el segundo de afinidad con los interesados, o amistad o enemistad manifiesta, entre otras causas de abstención, y, por lo tanto, la petición de que el Sr. Montagut se abstuviera en la votación al tratarse de un asunto que afectaba directamente a su esposa. Pero si lamentable fue la intervención del Sr. Alcalde, no menos lo fue la del Secretario del pleno, Sr. Alijo, en esta cuestión, pues, quizás influenciado por la crispación del momento, quizás por miedo al Sr Granados, si bien reconoció la conveniencia de la abstención, vino a decir que otras veces se habían dado casos similares y, por lo tanto, que el Sr. Montagut hiciese lo que quisiera. Mayor falta de seriedad y rigor de un funcionario habilitado nacional, que tiene la responsabilidad del asesoramiento legal preceptivo a la corporación municipal y que ha jurado cumplir y hacer cumplir las leyes, es inconcebible. En un contexto político en el que se da una deriva creciente hacia el autoritarismo por parte del Sr. Granados, patente en sus intervenciones, en sus más mínimos gestos, en el tono de su voz, es imposible la normalización del clima político de Salou por necesaria que sea para nuestro desarrollo económico y social, porque, los y las socialistas, no permitiremos limitación alguna a aquello que es el oxígeno de una sociedad democrática: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
viernes, 8 de enero de 2010
viernes, 27 de noviembre de 2009
El TC, el Estatut y la teoría de Julia Roberts
TRIBUNA: El debate sobre el Estatuto de Cataluña FRANCESC VALLÈS
FRANCESC VALLÈS 27/11/2009
FRANCESC VALLÈS 27/11/2009
A raíz del apasionado debate que en los últimos días se está generando sobre la más o menos inminente sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut, me vino a la cabeza una teoría que hace unos años me contó mi profesor de Filosofía del Derecho en la facultad, para explicar los problemas que pueden surgir en la creación y la aplicación del derecho. La llamó la teoría de Julia Roberts.
Este nombre tan poco jurídico tiene su origen en una escena protagonizada por la famosa actriz norteamericana en la película El informe pelícano. En ella un profesor de Derecho Constitucional plantea en clase un caso real sobre el conflicto existente entre la competencia de un Estado que reguló por ley la sodomía para convertirla en un delito sexual y el derecho a la intimidad reconocido en la Constitución federal. El profesor pregunta a sus alumnos cuál creen que fue la decisión del Tribunal Supremo en ese asunto. Julia Roberts, alumna, hace un alegato en defensa del derecho a la intimidad, afirmando que el Estado no puede tener competencia para limitar un derecho fundamental protegido en la Constitución y que, en consecuencia, la ley del Estado debería ser declarada inconstitucional. Tras lo cual el profesor, resolviendo el problema que había planteado, afirma: "Muy bien argumentado, pero lamento decirte que el Tribunal Supremo dijo todo lo contrario". A lo que Julia Roberts responde: "¡Pues si es así, se equivocó!".
El TC español tiene que resolver acerca de la constitucionalidad del Estatut de Catalunya. El recurso interpuesto por el PP le obliga a ello. A pesar de que otros Estatutos con preceptos idénticos o similares al catalán, van a pervivir inmunes en nuestro ordenamiento jurídico, simplemente porque el PP no apreció motivo alguno para recurrirlos. No sólo eso, sino que encima los votó. Así pues, el TC tendrá que pronunciarse. Pero el juicio de constitucionalidad que tiene que realizar, no consiste en buscar argumentos para declarar inconstitucionales preceptos del Estatut. Nuestra Constitución no le atribuye la potestad para actuar como un legislador negativo con capacidad para expulsar discrecionalmente, normas de nuestro ordenamiento jurídico. De así ser, el TC tendría poderes para corregir, a su antojo, la voluntad del Parlamento. Y el TC no puede sustituir al poder legislativo. Todo lo contrario.
En su examen de constitucionalidad, el TC está sujeto al llamado principio de conservación de la norma y su misión consiste principalmente en hallar alguna interpretación de la ley recurrida que sea conforme a la Constitución. Debe buscar una interpretación que tenga como finalidad última, preservar la ley aprobada por el Parlamento. Encontrar criterios que permitan mantener la norma en el ordenamiento jurídico, puesto que es el poder legislativo quien la ha aprobado en expresión de la soberanía popular. Y ello es así porqué, obviamente, ningún Parlamento hace leyes, a sabiendas de que son inconstitucionales. De ahí que, en la medida que el TC sea capaz de encontrar aunque sólo sea una interpretación constitucional de la ley que examina, debe conservar el texto de la norma. En definitiva, el TC debe trabajar para hallar una interpretación de la ley que tenga cabida en el marco de la Constitución, y no para buscar elementos de inconstitucionalidad.
A pesar de ello, el Tribunal podría declarar inconstitucional aspectos del Estatut. En efecto, jurídicamente podría hacerlo, puesto que en el juicio para la adecuación del texto a la Constitución, podría apreciar que sobre algún precepto no hay interpretación posible que tenga cabida en el marco de nuestra norma fundamental. Pero, y aquí regreso a la teoría de Julia Roberts, el TC tiene que ser consciente de lo que tiene entre manos, y de lo que significa política y constitucionalmente el Estatut. En su examen de constitucionalidad, el TC debe ser muy consciente que el Estatut no es una norma cualquiera. Su aprobación, y la de todos los otros Estatutos que se reformaron en la anterior legislatura, implica la elaboración de un nuevo pacto autonómico. La voluntad política de avanzar en la concepción de nuestro Estado de las autonomías, superando una primera fase fructífera, pero ya agotada. Significa la plasmación de una voluntad mayoritaria de reescribir las bases de nuestra arquitectura institucional. Es una voluntad cuasi-constituyente. Es un pacto originario de derecho. Un nuevo pacto constituyente que el TC no puede ni debe ignorar. El TC puede declarar inconstitucional algún precepto del Estatut. Pero lo que no puede hacer en ningún caso es equivocarse. Eso lo sabe hasta Julia Roberts.
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sábado, 21 de noviembre de 2009
En Argentina los llaman tilingos, por aqui tambien hay gente así

"(...)Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios.Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de invención- el sandwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente tartamuda portátil.Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños, proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo, intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio constituyen su establecimiento comercial.Mientras llega "el asunto*', hablan de fútbol, de carreras, de política, de economía.Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo.No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que es Buenos Aires.Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen, que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país.Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que, ante la menor dificultad, califican al país: "Este país . de m...", colocándose fuera del mistao a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos(...)" A. Jauretche
martes, 27 de octubre de 2009
Intolerancia frente la tolerancia o tolerancia frente la intolerancia

La pasada semana asistí una charla-coloquio en la que, con legítimo orgullo, intervine en su diseño, organización y desarrollo.
Fue un acto importante de la que la Agrupación Socialista de Salou y sus miembros en la sectorial de Pau, Solidaritat i Cooperació se deben sentir igualmente orgullosos y satisfechos por el impresionante interés que generó. Entre los asistentes se hallaban personas de todo el Camp de Tarragona que llenaron la Sala Costa Daurada en el complejo municipal de Salou.
Ferrán Sales, notable periodista, corresponsal y escritor nos hablo desde su perspectiva de destacado analista y testigo privilegiado, de tolerancia, de cruce y choque de culturas. Yo, que me siento español, pero de aquella España, casa común que aunó a sabios, intelectuales e investigadores judios, árabes y cristianos, hasta que llegó la España Imperial que expulsó a Judios, árabes y jesuitas, en cuyos ejercitos incluso contó con apostoles renacidos sobre caballos blancos, apodado matamoros, y decretos de Nueva Planta. Sin ser filólogo siempre me llamó la atención como se parecen la palabras "ojalá" i "inshala", y como se parecen sus significados, Los que primero llamamos trabajadores y que cuando acaban el trabajo son vagabundos, en realidad son personas que construyen con nosotros una sociedad nueva, espero que mejor.
Núria Parlón, nos hablo desde su experiencia municipalista y nos explicó como diseñan en su ciudad la integración de todos, inmigrantes y ciudadanos de cualquier origén, dejando claros que todos tienen los mismos derechos y tambien las mismas obligaciones.
Bachir Azzouz, ¿que decir de él? llegó con la ilusión de un adolescente admirado y confiado en la nueva sociedad donde se integraba y encontró que mientras en su pais se ayudaba a los muchacho que con talento y esfuerzo llegaban a la universidad, aquí aún hoy desperdiciamos talentos si estos no tienen suficientes medios económicos. A pesar de esos duros comienzos es catalán, con mujer e hijos catalanes y orgulloso de ser catalan y musulman, de ser mediterraneo simultaneamente del norte y del sur. Un privilegio haberle conocido, escuchado y ahora poder contar con su amistad.
Hablamos de socialismo, del socialismo depositario de los valores, de las personas, de la igualdad de oportunidades, la tolerancia. Joan Ruiz nos hizo valorar las importantes aportaciones que hacen cuantos llegan independentemente de su origen y lo equivocado de las posturas intolerantes de la que tambien hubo algún brote acallado por una reación unánime el resto de asistentes.
El Psc es un gran partido, con ideas proyectas y un sueño común.
Gracias por ofrecerme estos momentos de esperanza y de optimismo.
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lunes, 14 de septiembre de 2009
"Madre, yo al capital me humillo.."

¿Miedo a los impuestos? Sí, eso parece a tenor de las declaraciones de la Vicepresidenta Salgado, hoy recogidas por la prensa como puede verse, por ejemplo, en El País y Público, acerca de lo que al final será una leve subida impositiva para las rentas del capital, tan leve que no afectará a las sociedades que se denominan con las siglas SICAV: Sociedad de Inversión de Capital Variable. ¿Hacía falta tanta alforja para ese viaje?
Si no se toca la fiscalidad de las SICAVs no se llamará a las puertas de los grandes capitales para que contribuyan a financiar el déficit incrementado por las imprescindibles políticas sociales en tiempos de crisis. Gracias a ese invento descaradamente antisolidario, al que el PP dio cobertura legal en su etapa de gobierno, los capitales refugiados en una SICAV tributan al 1%, lo cual tiene toda la pinta de un trato fiscal de privilegio. Basta recordar la tributación de los beneficios empresariales entre el 25 y el 30% o el tipo del 43 % al que pueden llegar los niveles más altos de renta personal. Trae cuenta formar una SICAV, que para eso están la ciencia económica, la ingeniería financiera, los bancos y los gobiernos que lo permiten porque la ley lo ampara. Huele mucho a evasión fiscal legalizada. Y frente a tal invento es un mal argumento decir que si se toca por algún sitio se producirá una evasión de capitales, como ha insinuado la Ministra aduciendo que este tipo de sociedades se dan en todos los países europeos. Con esa lógica, nadie trataría nunca de acabar con los paraísos fiscales, dado que existen y parece imposible acabar con todos a la vez. ¿Para qué entonces las políticas comunes de la UE o las reuniones del G 20 y compañía?
Tendrá poca credibilidad cualquier medida de política fiscal al día de hoy, con la que ha caído y seguirá cayendo, si no se modifica la tributación de las SICAV. Quedarían como intocables, y en este caso no por parias, sino por aprovecharse del tabú que el capital, en sus núcleos duros, sabe tejer en torno a sí. La antropología lo dice: quebrantar los tabúes da miedo. Y si el miedo es invencible más vale que acabemos parafraseando a Francisco de Quevedo: "Madre, yo al capital me humillo...". Poderoso caballero sigue siendo don Dinero, ¡y que vuelva Paco Ibáñez para cantarlo una vez más!
Nota final. Un compañero me ha remitido amablemente un artículo sin desperdicio sobre tan pavoroso tema, escrito por otro ilustre compañero socialista, Luis Solana, en su página web "Una delgada línea roja": "Zapatero, espere a leer esto". Contrasten y lean.
Publicado por Pérez Tapias
Argumentos PTapias: Ideas claras y distintas para la comunicación política

La acción política requiere una comunicación eficaz. Así ha sido siempre, pero aún más, si cabe, lo es en nuestra "sociedad de la información y la comunicación", en la época de las "nuevas tecnologías", en tiempos en los que queremos que nuestra democracia sea participativa y deliberativa. Tenemos presente el republicanismo cívico.
No resolver bien la comunicación política trasladando con claridad a la ciudadanía qué se quiere hacer, por qué se toman tales o cuales decisiones desde el gobierno, que motiva unas leyes u otras, para qué las actuaciones que se emprenden desde el gobierno o que se proponen desde el partido, es estar condenado al fracaso. Y ello, además, porque suele ocurrir que si no se comunica bien es porque tampoco se escucha demasiado, con lo cual la relación entre emisor y receptor, con los "medios" entre ellos y los mensajes cruzados, se ve interceptada por malentendidos y distorsiones, cuando menos. Si para colmo hay otros protagonistas a quienes interesa que dicha comunicación no fluya y para ello hacen ruido o pervierten lo que circula por las redes de la información, entonces el panorama es aún más complicado para que la comunicación política se dé.
Siendo las cosas así en nuestro actual momento político, con ministros o ministras del gobierno que de vez en cuando incluso reconocen que la comunicación con la ciudadanía no es todo lo buena que debiera, no vendría mal acordarse de Descartes y sus reglas para la dirección de la mente. Es más, un poquito de su "método" también vendría bien para una comunicación política eficaz, es decir, capaz de cumplir sus objetivos. Cabe decir que sin "ideas claras y distintas", susceptibles de formularse con nitidez en un lenguaje inteligible, y de no confundirse con otras, sean propias y menos aún si son ajenas, la comunicación naufraga, y más en el terreno político, donde no vale aplicar lo de que en noche oscura todos los gatos son pardos. Precisamente en la noche oscura de una crisis como la que nos embarga hacen más falta todavía ideas claras y distintas que inspiren medidas de gobierno operativas a corto, medio y largo plazo, aptas por tanto para ser articuladas en proyectos coherentes y para incidir en una realidad compleja mediante una acción política que no se puede quedar en activismo con riesgos de inconexión o contradicción entre las cosas que se hacen.
En política, por consiguiente -lo diremos recordando al filósofo Austin-, es fundamental lo que se haga con las palabras. Hoy lo vuelve a remachar el especialista en comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo en El País que bien haríamos en prestarle atención: "Los errores de información del Gobierno". El mismo autor, cuya página web se puede visitar con provecho (http://www.gutierrez-rubi.es/), públicó otro en Público -"Zapatero y el laberinto de las palabras"- , hace meses, sobre el que se puede volver para retomar reflexiones que siguen siendo pertinentes. De hecho, la conexión entre uno y otro queda reforzada por una cita literal que aparece explícitamente en los dos. Las referidas palabras, siendo fácil recordar quién las pronunció, son éstas: "Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis explicado bien". Pues eso, que hay que hacerlo mejor al hablar de impuestos, de prestaciones a parados, de economía sostenible, de financiación autonómica y estatutos reformados, de inmigración, de TDT, de aborto, de libertad religiosa, de política internacional... y, por supuesto, de qué hacemos en Afganistán.
Publicado por Pérez Tapias
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